viernes, 8 de mayo de 2009

La vuelta de la economia planificada




En una encuesta realizada en EEUU a principios de abril por Rasmussen, cuyos resultados se publicaron en la prensa española, se preguntó a los norteamericanos qué sistema les parecía mejor, el capitalista o el socialista. Y unos meses antes, en diciembre, se había preguntado también si les parecía mejor una economía libre de mercado o una economía dirigidapor el Gobierno. Ambas son preguntas de un género que algunos sociólogos criticamos por el engañoso simplismo de su formulación y porque, tras la sencillez de los términos con los que se expresan sus opciones, quedan encubiertos significados muy confusos y diversos. Lo que parece plantearse como una alternativa entre dos sistemas perfectamente definidos que pide una elección racional invita más bien a una toma de posición ideológica, al alineamiento bajo una de dos banderas enfrentadas. En este tipo de alternativas las palabras funcionan como llaves de un universo ideológico de imágenes y juicios de valor implícitos.
Poco más del 50% de la población de EEUU prefiere el capitalismo
Sin embargo, estas preguntas, que tomadas en su literalidad podrían calificarse como estúpidas o tramposas según se tomasen en serio sus respuestas por lo que literalmente dicen o se utilizasen para defender posiciones en la discusión política, son útiles si se interpretan con su verdadero sentido. No para saber, por ejemplo, cuánta gente considera preferibles uno u otro sistema de asignación de los recursos económicos y los mecanismos de organización del trabajo social y de distribución del producto que implican sino, simplemente, para saber cuánta gente se alinea bajo una y otra bandera y en qué grado la ideología dominante ha impuesto sus tópicos en la conciencia ciudadana.
En este sentido como cuestiones ideológicas introdujimos una versión de esas dos preguntas en los Publiscopios de las dos últimas semanas. Es interesante comparar las respuestas españolas con las norteamericanas y también observar qué diferencias existen en ellas entre distintos sectores de la población.
De la encuesta norteamericana lo primero que sorprende es que, en el país capitalista por antonomasia, sólo poco más de la mitad de la población (un 53%) se decida claramente por el capitalismo como mejor sistema y un 20% considere mejor el sistema socialista (y otro 27% no esté seguro de qué es mejor). Y es significativo que "la economía libre de mercado" encuentra muchos más partidarios (un 70%) frente a una economía "dirigida por el Gobierno" (15%), que el sistema capitalista frente al socialista. La diferencia en las adhesiones a favor de la primera fórmula respecto a la segunda significando ambas sustancialmente lo mismo apunta al economicismo y la correlativa actitud antipolítica que es nuclear en la ideología dominante del sistema. La dominación de ese núcleo ideológico se hace patente en que no se discuta o se discuta mucho menos lo que se nos presenta como estructura económica del sistema (el libre mercado) que su investidura política (el sistema capitalista). Y ello a pesar de que "la economía libre de mercado" es un objeto ideológico en mucho mayor grado que "el sistema capitalista": estos términos designan un sistema social y aquéllos, una ficción ideológica. Mercados, sin duda, hay y los ha habido en todos los sistemas sociales; "economía libre de mercado", no, como ya explicó hace más de medio siglo Karl Polanyi.
En España, obreros y empleados se decantan por la opción socialista
En la encuesta española se han acentuado deliberadamente las formulaciones y, en vez de hablar, como en la encuesta americana, de una economía "dirigida por el Gobierno" porque todas las economías lo son, incluidas, desde luego, las de las sociedades capitalistas, se ha hablado de una economía "planificada por el Estado". En esta alternativa, más polarizada en sus términos, el 49% de los españoles se inclinan por la "economía de mercado libre" lo que indica que compartimos ideología dominante con los norteamericanos, algo que es obvio sin necesidad de encuestas, pero un 21% se inclinan por la opción, mucho más connotada negativamente y claramente antisistema, de la planificación como alternativa a la libertad de mercado.
En cuanto a la preferencia de sistema social, el capitalista sólo parece mejor a un 27% de los españoles y un 25% prefieren un sistema socialista. Los que no se definen por uno u otro se subdividen en un 21% que no encuentra preferible ninguno de esos sistemas y un 27% que no sabe qué opinar. Mujeres y varones se distribuyen de muy distinto modo: entre los varones siete puntos más consideran mejor el sistema capitalista que el socialista (34%/27%); entre las mujeres la preferencia se invierte (20%/23%). Como en otros muchos aspectos ideológicos, en nuestra sociedad actual los varones, invirtiendo la pauta tradicional, son más bienpensantes que las mujeres y tienden más que ellas a pensar lo que socialmente hay que pensar. Más investidos en su papel de agentes sociales, por su boca habla más que por la de ellas la ideología dominante.
Sin alternativa
Tras 20 años de dominación sin alternativa del modelo capitalista, tanto entre los jóvenes de hoy (menores de 30 años), como entre los jóvenes de la Transición (los que hoy tienen entre 45 y 59 años) son más los que creen que es mejor el socialismo, mientras la generación intermedia (30-44 años) y la de los mayores de 60 años se inclinan por el capitalismo. En todos lo casos las diferencias son ligeras, lo que supone una situación de equilibrio en la que el debate ideológico sobre el sistema está abierto. La diferencia respecto a los jóvenes se constata también en EEUU, donde el sistema capitalista sólo supera ligeramente al sistema socialista (37%/33%) en las preferencias de los menores de 30 años. Entre los obreros y los empleados españoles también ganan claramente los que prefieren el socialismo, frente a empresarios, autónomos, cuadros y técnicos, a quienes parece mejor el sistema capitalista.
Se ve que el discurso ideológico sobre el fracaso y la inviabilidad del sistema socialista con el que se ha machacado continuamente la conciencia de todo el mundo desde hace 20 años no ha logrado imponerse del todo a la experiencia práctica del sistema capitalista. La crisis actual desnuda su naturaleza, de explotación, codicia y especulación. Nunca un sistema tuvo tantos recursos y los utilizó tan mal.

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